domingo, 27 de noviembre de 2011

El muro de Berlín


Ha habido muchos absurdos en la historia de la humanidad, pero pocos tanto como el muro de Berlín. Este que de la noche a la mañana, en el mes de agosto de 1961, debía separar los dos bloques en los que se dividió el mundo, separó familias y amigos. Un muro creado por los que mandan en el tablero de la política para separar porque sí a un mundo de otro, creando un escenario de un absurdo de tamaño universal. A la población le pilló por sorpresa y cuando quisieron reaccionar y pasarse al mundo que ellos consideraban mejor que el otro, resultó ser un peligro y una amenaza. Entonces los soldados, entrenados para defender a la población, recibieron la orden de disparar contra aquellos que antes debían defender. Algunos se negaron; otros no tuvieron ese valor. Una noche mataron a disparos a un pobre hombre que había cruzado la frontera por accidente embriagado por unas cervezas de más que se había tomado esa noche. Tamaña “heroicidad” tuvo que ser silenciada ante la opinión pública. El muro demostró que una vez más el poder institucionalizado había ordenado algo en contra de todo sentido común y en contra del mínimo sentido de humanidad, contra su propio pueblo. El trazado, por ejemplo, trascurría en el mismo Berlín en un tramo justo por encima de unos escalones que daban acceso a una iglesia que, ironía de la historia, se llamaba de La Reconciliación. Ahora el muro hace algunos años que cayó, pero me pregunto cuántos otros muros, ideas absurdas de políticos deshumanizados, estamos viviendo hoy.