viernes, 28 de agosto de 2015

El desastre de la moda rápica

El otro día estuve viendo un estupendo documental con el título “The true cost”. Habla sobre el devastador negocio del “fast fashion” en el que los únicos ganadores son los dueños de la marca. El resto perdemos todos. Primero los trabajadores que tienen que trabajar en condiciones muy precarias, muchas veces costándoles la vida, por un mísero sueldo de 3 dólares al día.  Muchos dicen que si no, no tendrían trabajo. Bien, entonces, como empresa, te estás beneficiando de la precariedad laboral de miles de personas. Y ellos para vivir bien necesitan tan solo un sueldo de 160 dólares (pero, si quieres, les puedes pagar más).
Después pierde el planeta. Para poder tener colecciones de diseños nuevos casi todas las semanas, necesitan un algodón que crezca rápido. Eso se consigue a través de plantas modificadas genéticamente y/o fertilizantes altamente tóxicos. Los campesinos, en su mayoría indios, que cultivan este algodón tienen que comprar estos caros fertilizantes que les van envenenando poco a poco. Muchos de estos campesinos mueren a unas edades demasiado tempranas. Por otra parte, los fertilizantes acaban envenenando el suelo que deja de ser productivo después de un tiempo. Por otra parte, toda esa ropa que tiramos, mucha se revende, otra acaba en basureros. Al no estar hecha ya de productos naturales, cuando se va descomponiendo --y tarda sus añitos-- contamina el suelo y los ríos porque libera productos tóxicos al medio ambiente. La industria de la moda rápida es la segunda, después de las petroleras, que más contamina. Parece mentira, pero así es.

Conociendo todas estas cosas, como consumidores deberíamos hacernos responsables y exigir de las empresas que nos demuestren una producción sostenible, con materiales naturales, cultivados ecológicamente, y unos salarios justos.  Nos estamos volviendo locos comprando y comprando sin parar, ropa, que si bien es barata, lo es porque otros ya han pagado el precio. Y nuestros armarios acaban atestados de ropa que no nos ponemos. Si por mucha que tengamos, no vamos a ser más ricos, sino más pobres y nuestro planeta no tiene los recursos suficientes para seguir así. Mejor compramos poca ropa, que sea de calidad.