El otro día estuve viendo un estupendo documental con el
título “The true cost”. Habla sobre el devastador negocio del “fast fashion” en
el que los únicos ganadores son los dueños de la marca. El resto perdemos
todos. Primero los trabajadores que tienen que trabajar en condiciones muy
precarias, muchas veces costándoles la vida, por un mísero sueldo de 3 dólares
al día. Muchos dicen que si no, no
tendrían trabajo. Bien, entonces, como empresa, te estás beneficiando de la precariedad
laboral de miles de personas. Y ellos para vivir bien necesitan tan solo un
sueldo de 160 dólares (pero, si quieres, les puedes pagar más).
Después pierde el planeta. Para poder tener colecciones de
diseños nuevos casi todas las semanas, necesitan un algodón que crezca rápido.
Eso se consigue a través de plantas modificadas genéticamente y/o fertilizantes
altamente tóxicos. Los campesinos, en su mayoría indios, que cultivan este
algodón tienen que comprar estos caros fertilizantes que les van envenenando
poco a poco. Muchos de estos campesinos mueren a unas edades demasiado
tempranas. Por otra parte, los fertilizantes acaban envenenando el suelo que
deja de ser productivo después de un tiempo. Por otra parte, toda esa ropa que
tiramos, mucha se revende, otra acaba en basureros. Al no estar hecha ya de
productos naturales, cuando se va descomponiendo --y tarda sus añitos-- contamina
el suelo y los ríos porque libera productos tóxicos al medio ambiente. La
industria de la moda rápida es la segunda, después de las petroleras, que más
contamina. Parece mentira, pero así es.
Conociendo todas estas cosas, como consumidores deberíamos
hacernos responsables y exigir de las empresas que nos demuestren una
producción sostenible, con materiales naturales, cultivados ecológicamente, y
unos salarios justos. Nos estamos
volviendo locos comprando y comprando sin parar, ropa, que si bien es barata,
lo es porque otros ya han pagado el precio. Y nuestros armarios acaban
atestados de ropa que no nos ponemos. Si por mucha que tengamos, no vamos a ser
más ricos, sino más pobres y nuestro planeta no tiene los recursos suficientes
para seguir así. Mejor compramos poca ropa, que sea de calidad.
