domingo, 8 de septiembre de 2013

Autobiografía del general Franco

Autobiografía del general Franco es una novela de Vázquez Montalbán publicada en 1992. El editor Amescúa propone a Marcial Pombo escribir una biografía del general ficticia que se publicará por el primer centenario de su nacimiento. Pombo, escritor fracasado y comunista, no puede sino oponer a la biografía su propio discurso contrapuntístico, enmendando y corrigiendo el discurso del general. Al final se describen dos biografías, la de Franco y la del escritor fracasado que son las dos versiones de la Historia: la oficial y la vivida por el bando perdedor.
Lo que hace Montalbán en esta novela es dar voz a la versión acallada de la Historia en clara oposición a lo que venía ocurriendo en política: una Transición políticamente correcta en la que se renunció a la memoria histórica por aplacar los ánimos de los agentes de poder, los franquistas. El interés estaba en convertir al español medio en un ser pasivo interesado en consumir y en los valores materiales para dejar la organización del resto de asuntos en las manos de los mismos.
En esta novela Montalbán quiere hacer oír su voz en subversión contra lo que venía ocurriendo, utilizando el canal de la novela como vía de expresión y denuncia con amargor, cómo la sociedad y la historiografía convierten los hechos históricos en simples entradas en diccionarios evitando el olor a sangre.
Finalmente la autobiografía de Franco se publica solo con su versión. La otra queda acallada para siempre, es un cúmulo de “ruidos” incómodos porque ser víctima es tener mala suerte. No conviene en estos tiempos.

Y yo me veo que más de veinte años más tarde, después de la publicación de esta novela, cómo Vázquez Montalbán tuvo una clara visión de lo que ocurría en política. Ahora mismo seguimos igual: el español medio no se mueve, los poderes políticos vienen siendo lo mismo y hay una política de compromiso. Me parece que poco ha ocurrido desde aquel 21 de noviembre de 1975. Bueno, nos dejan meter un papelito en una urna cada cuatro años.  




sábado, 10 de agosto de 2013



La facultad de hacerse invisible es posible en el ser humano. Solo hay que…hacerse mayor. Los abuelos y abuelas, aquellas de cuyas casas nunca salías con hambre, son personas que han alcanzado una habilidad tan perfecta de invisibilidad que, a menudo, no las ven, ni oyen, sus familiares más allegados. Todo hay que decir que la perfección en hacerse invisibles la van alcanzando a medida que van cumpliendo años, a veces llegando al punto que se borran de las mentes de sus familiares.  El individuo invisible no es siempre consciente de serlo. Es más, no lo quiere reconocer o está convencido de que a él (o ella), eso no le pasa. Sus hijos no son así. El proceso de invisibilidad no comienza a una edad avanzada, no. Aproximadamente al cumplir los cuarenta años, se puede observar cómo este proceso se ha puesto en marcha: se liga menos, cuesta más que los del sexo opuesto se fijen en ti, la tecnología se va complicando (pero si siempre se me han dado bien las máquinas). No, cambiar la cinta de video no es comparable a descargar un controlador para tu nueva impresora. ¿Estás torpe con el teclado del móvil? Son señales del proceso de invisibilidad que irá in crescendo en las próximas décadas hasta que llegue un día en que cada vez más se tropiecen contigo porque no te han visto. Es un proceso doloroso porque hay que caer en la cuenta de que la decadencia llega. Hay veces que el grado de invisibilidad es tan intenso que el individuo desea finalmente desaparecer físicamente: se ha creado un proceso de inversión de la materia en el que el cuerpo físico, que  va colapsando, por la profunda tristeza que la invisibilidad genera, en un agujero negro hasta que finalmente desaparece.  Y nunca ha estado aquí. 

domingo, 21 de julio de 2013

Cantando bajo la lluvia




Noor Basra y Noor Sheza habían salido a la calle en Chilas, una aldea al norte de Pakistán, a cantar bajo la lluvia y manifestar su alegría por vivir. Habían salido a jugar y les pilló la lluvia, pero lejos de refugiarse en sus casas, decidieron danzar hasta que se les empaparan las ropas, luciendo amplias sonrisas.  Dos jóvenes alegres, vestidas con ropas de rico colorido de estilo tradicional sin ninguna maldad y sin comprender el horrible crimen que estaban cometiendo desde el punto de vista de la estricta sociedad pakistaní, se habían grabado a sí mismas en un vídeo. Pero un miembro de una de sus familias, Khutore, el hermanastro, decidió que ese era un acto de afrenta a sus familias y decidió silenciar su alegría dándoles muerte a ellas y a su madre. Así con este asesinato el honor de las familias quedó restaurado.