domingo, 11 de marzo de 2012

Es justicia ¿o quizás no?


Una mujer cuyo nombre desconozco había estado recibiendo una pensión de viudedad por haber estado conviviendo durante unos años con un hombre. Me imagino su historia: ama a un hombre, conviven y de esa conviviencia nace un hijo. Pasan muchos años juntos, ella le cuida, le ama, es el hombre de su vida. No quiere a otro, son como marido y mujer, pero no tienen papeles. No consideran tampoco que les hagan falta y, realmente, para el amor no hace falta. Sin embargo, el tiempo pasa y envejecen. El hombre fallece y ella queda viuda, viuda de corazón. Reclama una pensión por viudedad y puede demostrar la conviviencia y un hijo en común. Se la dan, pero luego el TS le dice que no. No es suficiente demostrar la conviviencia y un hijo para cobrar la pensión. Lo dicen las leyes y, como es de ley, le retiran la pensión de 600 euros, único ingreso de la mujer que ha cumplido los ochenta años. Los jueces deben ahora estar descansando con la conciencia tranquila: la pensión la estaba recibiendo injustamente. Le faltaba un papel y si la Ley con mayúsculas dice que hace falta ese papel, es que hace falta. Ahora ellos descansan con la conciencia tranquila.

domingo, 4 de marzo de 2012

Vivir antes de morir


Dicen que antes de morir llega el arrepentimiento; pero no es tanto por las cosas que hemos hecho, sino por las que hemos dejado de hacer. No, no tienen que ver con los tópicos de plantar un árbol o escribir un libro. Es algo mucho más sencillo, pero más trascendente. Uno de esos arrepentimientos es: ojalá hubiera vivido a mi manera. Sí, vivir la vida de uno mismo, no la que quieren los padres, los amigos o los que nos rodean. Otro arrepentimiento sería: ojalá no hubiera trabajado tan duro: sí, el trabajo es temporal, si lo convertimos en el centro de nuestras vidas, no sabremos qué hacer con ella en el momento en el que ese trabajo ya no sea una realidad. Uno difícil: ojalá hubiera tenido el valor de expresar mis sentimiento. Esto requiere cojones, bastantes. No solo a los que amamos todos los días, sino aquellos a los que nos cuesta más. Recordemos: la gente se muere sin saber si han sido amados porque no se lo han dicho. Otro: ojalá hubiera mantenido el contacto con mis amigos. Sí, estamos muy ocupados para mantener el contacto, pero ¿qué son 5 minutos al teléfono de vez en cuando? Y por último: Ojalá hubiera sabido ser feliz.
Todos estos arrepentimientos, justo antes de morir, llegan tarde. Y aunque parezca una perogrullada, seguimos sin hacer caso. Intentemos ser conscientes del "memento mori" para poder vivir. Eso sí, requiere mucho valor.