La facultad de hacerse invisible es posible en el ser
humano. Solo hay que…hacerse mayor. Los abuelos y abuelas, aquellas de cuyas
casas nunca salías con hambre, son personas que han alcanzado una habilidad tan
perfecta de invisibilidad que, a menudo, no las ven, ni oyen, sus familiares
más allegados. Todo hay que decir que la perfección en hacerse invisibles la
van alcanzando a medida que van cumpliendo años, a veces llegando al punto que
se borran de las mentes de sus familiares. El individuo invisible no es siempre
consciente de serlo. Es más, no lo quiere reconocer o está convencido de que a
él (o ella), eso no le pasa. Sus hijos no son así. El proceso de invisibilidad no comienza a una
edad avanzada, no. Aproximadamente al cumplir los cuarenta años, se puede
observar cómo este proceso se ha puesto en marcha: se liga menos, cuesta más
que los del sexo opuesto se fijen en ti, la tecnología se va complicando (pero
si siempre se me han dado bien las máquinas). No, cambiar la cinta de video no
es comparable a descargar un controlador para tu nueva impresora. ¿Estás torpe
con el teclado del móvil? Son señales del proceso de invisibilidad que irá in crescendo en las próximas décadas
hasta que llegue un día en que cada vez más se tropiecen contigo porque no te
han visto. Es un proceso doloroso porque hay que caer en la cuenta de que la
decadencia llega. Hay veces que el grado de invisibilidad es tan intenso que el
individuo desea finalmente desaparecer físicamente: se ha creado un proceso de
inversión de la materia en el que el cuerpo físico, que
va colapsando, por la profunda tristeza que la invisibilidad genera, en un
agujero negro hasta que finalmente desaparece. Y nunca ha estado aquí.
sábado, 10 de agosto de 2013
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