jueves, 30 de diciembre de 2010

La princesa que no quería engordar


Querida Isabelle,

Querías ser una princesa, la más guapa de la corte, pero el mamerto del príncipe te engañó y lo pagaste con tu vida. En lugar de zapatos de cristal te compraste una balanza y ahora un ataúd. ¿Cómo no te diste cuenta que tu verdadera belleza estaba en tu interior al tener el valor de mostrar tu cuerpo hecho guiñapos, un saco de huesos y enfermo, en las vallas de publicidad? Libraste una batalla por salir de tu enfermedad, pero perdiste la guerra. Me gustaría pedir a los Reyes Magos que tu muerte sirva para que otras mujeres sepan valorarse y no caer en las redes de la imagen ideal, mentira ideada por las grandes marcas y corporaciones para vendernos sus productos. ¡Muchas gracias por los ovarios que echaste! A pesar de tu aparente fragilidad eras fuerte como un toro.
Tu cuento acabó mal, pero otros pueden acabar con un final feliz.
Descansa en paz.

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