
Pablo tenía 33 años y hacía muchos años que había dejado de creer en los Reyes Magos. Es una lástima porque no hay porqué dejar de creer en la magia, pero, en fin, es lo que les pasa a los mayores.
En la noche de Reyes, mientras dormía plácidamente en su cama junto a su mujer, se despertó repentinamente porque oía unos ruidos provenientes del salón.
—Unos ladrones —, pensó mientras se levantaba para averiguar qué pasaba.
Despacio y sin hacer ruido se dirigió al salón de su casa, pero no sin antes pasar por el cuarto del niño que dormía plácidamente y coger un bate de béisbol. Unas luces de linterna se movían en su salón: había entrado alguien.
Pablo se armó de valor, entró en su salón y encendió las luces levantando el bate para atacar al intruso. Cuál no sería su sorpresa cuando vio que eran Sus Majestades.
—¿Pero qué hacen ustedes aquí?
—¿Pero no lo ves, Pablo? Somos los Reyes Magos y dejamos regalos a la gente.
—¡Déjense de tonterías! ¿Y cómo saben mi nombre? ¡Que llamo a la policía!
— Mira, Pablo,— comenzó a decir Melchor que era el más sabio y viejo de los tres— Baja el bate porque te enseñaré lo que te hemos traído a ti. Yo te he traído un capullo de una hermosa flor. Es muy delicado y lo tienes que cuidar muy bien porque sino se estropea. Cuando se abra se hará más fuerte y más hermoso, se convertirá en una linda flor. Simboliza un nuevo empezar, una nueva esperanza. La esperanza es lo que te regalo.
—Y yo te regalo un pequeño pájaro en una jaula, — siguió Gaspar. —Este pájaro has de dejarlo en libertad. Cuando lo dejes volar, serás libre tú también porque lo que das, lo recibes de vuelta. Yo te regalo la libertad.
—Y yo te regalo una hermosa piedra, — acabó Baltasar, —No es una piedra preciosa, es una sencilla piedra de río, pero hermosa porque ha obtenido su forma y su lisura por años de estar siendo bañada por un río. Ha visto mucha historia y muchas batallas por lo que es una piedra sabía. Las piedras, portadoras de energía, encierran en sí toda la energía de su sabiduría. Yo te regalo la sabiduría. Llévala siempre contigo y te protegerá.
El corazón de Pablo dio un vuelco y de pronto se sintió siendo un niño otra vez. Dio gracias a Sus Majestades mientras que salían de nuevo por la ventana para seguir dejando sus regalos a la gente, no sin haber dejado los paquetes para el hijo y la mujer de Pablo bajo el árbol.
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