lunes, 23 de enero de 2012

Vincent


Starry, starry night es una de las más bellas canciones de Don McLean. Vincent pintó este cuadro desde su sanatorio de Saint-Rémy de Provence donde estaba ingresado por sus patologías mentales. Luchó contra la locura y plasmó las estampas más bellas de la historia del arte. Sin conseguir que le entendieran, no cejó en su empeño de mostrar lo que veía con los ojos del espíritu. Tenía una sensibilidad especial para la belleza que nos rodea o la de las personas sencillasl: paisajes azules de invierno, el fresco de la mañana, los campos de trigo al sol o un campesino triste sentado en una silla. Pero no le acabaron de entender. Era el pintor loco que jamás vendió un cuadro en su vida, pero cuyos cuadros ahora valen una fortuna. Dudo aún así que muchos, por mucho que paguen, acaben de entender la sutileza de sus cuadros. A Vincent no le importaba tanto el dinero como expresar el mundo que veía: un alma demasiado bella para este mundo. Se fue voluntariamente tras dejar lo mejor de sí; y , si observamos bien, a través de sus cuadros podemos aprehender la belleza para imbuirnos de algo más allá de la mediocridad cotidiana. Sus cuadros hablan, si queremos escuchar, y nos cuentan historias mudas que hacen algo más hermoso nuestro mundo.

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