
Dicen que antes de morir llega el arrepentimiento; pero no es tanto por las cosas que hemos hecho, sino por las que hemos dejado de hacer. No, no tienen que ver con los tópicos de plantar un árbol o escribir un libro. Es algo mucho más sencillo, pero más trascendente. Uno de esos arrepentimientos es: ojalá hubiera vivido a mi manera. Sí, vivir la vida de uno mismo, no la que quieren los padres, los amigos o los que nos rodean. Otro arrepentimiento sería: ojalá no hubiera trabajado tan duro: sí, el trabajo es temporal, si lo convertimos en el centro de nuestras vidas, no sabremos qué hacer con ella en el momento en el que ese trabajo ya no sea una realidad. Uno difícil: ojalá hubiera tenido el valor de expresar mis sentimiento. Esto requiere cojones, bastantes. No solo a los que amamos todos los días, sino aquellos a los que nos cuesta más. Recordemos: la gente se muere sin saber si han sido amados porque no se lo han dicho. Otro: ojalá hubiera mantenido el contacto con mis amigos. Sí, estamos muy ocupados para mantener el contacto, pero ¿qué son 5 minutos al teléfono de vez en cuando? Y por último: Ojalá hubiera sabido ser feliz.
Todos estos arrepentimientos, justo antes de morir, llegan tarde. Y aunque parezca una perogrullada, seguimos sin hacer caso. Intentemos ser conscientes del "memento mori" para poder vivir. Eso sí, requiere mucho valor.
Que bonito escribes Patri...
ResponderEliminar