
Una mujer cuyo nombre desconozco había estado recibiendo una pensión de viudedad por haber estado conviviendo durante unos años con un hombre. Me imagino su historia: ama a un hombre, conviven y de esa conviviencia nace un hijo. Pasan muchos años juntos, ella le cuida, le ama, es el hombre de su vida. No quiere a otro, son como marido y mujer, pero no tienen papeles. No consideran tampoco que les hagan falta y, realmente, para el amor no hace falta. Sin embargo, el tiempo pasa y envejecen. El hombre fallece y ella queda viuda, viuda de corazón. Reclama una pensión por viudedad y puede demostrar la conviviencia y un hijo en común. Se la dan, pero luego el TS le dice que no. No es suficiente demostrar la conviviencia y un hijo para cobrar la pensión. Lo dicen las leyes y, como es de ley, le retiran la pensión de 600 euros, único ingreso de la mujer que ha cumplido los ochenta años. Los jueces deben ahora estar descansando con la conciencia tranquila: la pensión la estaba recibiendo injustamente. Le faltaba un papel y si la Ley con mayúsculas dice que hace falta ese papel, es que hace falta. Ahora ellos descansan con la conciencia tranquila.
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