viernes, 27 de abril de 2012

Problemas para reconocer los errores


Hoy, al salir de mi garaje, me dio un coche que iba delante. De repente yo estaba tan tranquila para salir del garaje detrás de él veo que se aproxima muy deprisa marcha atrás. No me da tiempo a alejarme. Sé que me va a dar. Y suena el golpe. No me había visto porque no había mirado por el retrovisor.  Una mujer salió del vehículo para comprobar que no había pasado nada.
Entonces yo dije tranquilamente: “Hay que mirar dando marcha atrás.”
Esa simple afirmación, clara, llana y obvia, hizo que saltaran todos los resortes de la mujer que inmediatamente pasó a echarme la culpa: que si no había mantenido la distancia de seguridad, que si tenía que ver yo que tenía que dar marcha atrás porque se abría la puerta, del garaje. Repetí: “Hay que mirar.” La mujer que se había vuelto a sentar al volante, volvió a salir. Busco apoyo en la conductora de un tercer coche que estaba detrás de mío. “¡Pero que me dice que hay que mirar!” En fin, cualquier cosa, menos admitir lo simple: un error por no mirar en el retrovisor antes de dar marcha atrás.
No se qué hubiera pasado, si en vez de ser yo un coche, soy un niño o una persona que deja seca por no mirar en el retrovisor.
No hubo daños materiales, el único daño es el orgullo herido, porque alguien osó llamar la atención sobre su fallo. Una chica de un Twingo, alguien aparentemente inocuo, igual un poco tonta, así a primera vista, osa llamar la atención sobre una torpeza.
Eso me hace pensar el lo difícil que es reconocer este tipo de llamadas de atención, aceptar la crítica y, con humildad, reconocer los errores. Y, creedme, esta mujer sabía perfectamente que había metido la pata.
Finalmente la dije que se largara que nos estaba haciendo perder el tiempo y que necesitábamos salir. Y se fue. 

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