El botijo es un recipiente que se emplea para mantener el agua fría incluso en verano. Es ovalado y cerrado —a excepción de dos pitorros—: uno grueso para poder introducir agua y el otro más delgado, que es por el cual se bebe. Entre los dos suele haber un asa para mejor manejo del contenedor. Debido a la porosidad de su material, que suele ser barro o arcilla, el agua se mantiene fresca gracias a un proceso de osmosis.
Para poder beber del botijo debemos levantarlo a una determinada altura que será por encima de nuestra cabeza, para que, por la fuerza de la gravedad, el agua pueda caer en nuestra boca, el agujero que está más o menos en el centro de la cara y es la abertura anterior de nuestro tubo digestivo. Si nos quedamos muy cortos al levantar el recipiente, el efecto de la fuerza de la gravedad al caer el agua no podrá producirse.
Levantamos pues el botijo a una altura por encima de nuestra cabeza, sujetando el recipiente con una mano en el asa entre los dos pitorros —mano es aquella parte del cuerpo que se puede encontrar al final del brazo y que está llena de dedos— y la otra en la base del botijo. Debemos cuidar que en este movimiento el pitorro pequeño, por el que saldrá el chorro, esté girado hacia nosotros y el más grueso esté alejado de nosotros. Habiendo alcanzado la altura correcta y cuidando que la boca se encuentre abierta (esto es muy importante), podremos dejar que el chorro pueda caer en ella. Es preciso cuidar de la posición correcta del botijo al beber. Se deben tener en cuenta: la altura de colocación, que ha de variar a medida que se vaya vaciando, el arco que forma el agua entre la salida del pitorro y su llegada a nuestra cavidad bucal, el ángulo o inclinación del recipiente, la fuerza del viento y posibles movimientos sísmicos. En caso de no tenerse en cuenta estos factores, nos veremos envueltos en la sustancia acuosa en lugar de que penetre en el sitio intencionado y tendremos que volver a casa a cambiarnos de ropa.
Ahora viene lo más difícil: terminar de beber. Una vez saciada nuestra sed, debemos, en un movimiento rápido y con habilidad, cambiar el ángulo del botijo sobre nuestras cabezas para cortar el efecto de la gravedad y girarlo hacia arriba para que no pueda seguir cayendo agua. Esto requiere práctica y las primeras veces no podremos evitar que alguna gota caiga sobre nuestras camisetas. Una vez terminada la operación, depositaremos el botijo en el suelo, rellenándolo con agua en caso de necesidad.
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